Samuel Aranda, Premio World Press Photo del año 2011, presenta sus fotografías para iniciar una conversación con blogueros y expertos en torno a la situación #despuésdelaprimavera

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“Retos, silencios y ciberactivismo en las Primaveras Árabes en transición”

gigi-ibrahim

El descontento, la falta de libertades y la frustración ante una vida sin perspectivas de futuro prendieron un día de diciembre de 2010 una mecha que continúa encendida. Un joven tunecino llamado Mohamed Buazizi se quemó a lo bonzo y se convirtió en el símbolo de toda una generación puesta de rodillas. Desde aquel 17 de diciembre el mundo árabe ha vivido la caída de cuatro dictaduras mientras los autócratas de otros países se tambalean en sus tronos. La llamada Primavera Árabe que comenzó con el levantamiento de los desheredados llegó a convertirse en un movimiento ciudadano por el que los árabes reclamaban sus derechos y su capacidad de decidir por sí mismos su futuro.

Lejos de ser un proceso finalizado, la Primavera Árabe se ha extendido por toda la región y conserva tempos distintos en cada país. En mayor o menor medida, todos los regímenes, del Atlántico al Mediterráneo, de los estados del Golfo al Levante, se han visto sacudidos por el ‘tsunami’ reivindicativo que tuvo su epicentro en Túnez. Como en los tiempos de la caída del muro de Berlín, cuando comenzó un proceso de cambio en cadena en Europa del este, el efecto dominó de la Primavera Árabe no ha dejado intacto a ningún líder de Oriente Medio. Así, tenemos a Túnez, Egipto, Libia y Yemen, que lograron poner fin a sus dictaduras. Siria aún lucha por conseguir zafarse de Bashar Asad. Otros países, como Bahrein, se encuentran con una oposición aplastada por el régimen y la partida en tablas. Y otros estados, como Jordania o Kuwait, intentan readaptar el modelo de Estado a los nuevos tiempos. Pero la onda expansiva sigue avanzando.

Situación actual

Túnez, Egipto, Libia y (en menor medida) Yemen son países en transición cada uno en un proceso distinto. Los retos que se presentan en el horizonte son más o menos comunes: encontrar un modelo de Estado acorde con la tradición musulmana y los estándares democráticos, luchar contra la corrupción política y económica, establecer instituciones transparentes y promover el tejido social, solucionar la grave crisis económica en que están inmersos y alcanzar un nivel de progreso, salvando la brecha tecnológica con Occidente. Pero cada país parte de un lugar diferente, según sus procesos históricos y sus relaciones internacionales en el contexto geopolítico.

Es necesario aquí huir de los clichés más extendidos en el mundo informativo: que todos los países árabes son iguales y que, al ser países musulmanes, nunca serán democráticos. Para desterrar estas ideas hay que pensar, por una parte, que histórica y culturalmente, cada país es diferente y por tanto, los procesos de transición darán lugar a resultados propios. Y, por otra, que les corresponde a los ciudadanos de estos países decidir qué Estado quieren y cómo debe ser su Constitución.

Silencios mediáticos

¿Cómo explicar el silencio mediático que experimenta el consumidor de noticias occidental, terminadas las revueltas? Muy sencillo: radica en la esencia misma de lo que es noticia. Cuando la situación se calma y ya no hay ni espectacularidad ni violencia, los medios tornan su atención hacia otro lado. Los focos cambian constantemente en un mundo en permanente consumo. La agenda internacional la marcan los grandes medios (las grandes agencias como Reuters y France Presse o los grandes conglomerados mediáticos, como la CNN) y las potencias más poderosas. Los medios de comunicación en España, en este caso, siguen la agenda marcada por otros. Una buena forma de huir de este foco es seguir a los medios locales y acudir a las fuentes originales. Pero eso a veces resulta difícil. Las nuevas tecnologías quizá nos proporcionan una herramienta para abrir nuestras ventanas al mundo. Pero tampoco son la panacea, ya que tendríamos que localizar –en medio de una ingente cantidad de información- a los medios y las personalidades locales que ofrezcan buena –y contrastada- información. Podríamos hablar de la utilidad de blogs y tuiteros, pero una vez más, requeriríamos una buena selección.

Lo mejor es confiar en el trabajo de los muchos periodistas –freelance o pertenecientes a un medio de comunicación- independientes que, más allá del foco de la noticia marcado por los grandes medios internacionales, se encuentran comprometidos con su trabajo de informar y ofrecen reportajes e información de fondo y contextualizada.

Redes sociales y libertad de expresión

Mucho se ha especulado sobre el impacto de las nuevas tecnologías en las revueltas árabes y de la influencia de medios como Twitter o Facebook en los procesos democráticos en Oriente Medio y el Magreb. Los medios de comunicación en Occidente han exagerado el papel de las redes sociales en estos países –donde la penetración de Internet, el número de usuarios de redes sociales y la formación para manejar estas herramientas presentan niveles muy bajos-. En muchos casos, los ciberactivistas actuaban desde fuera de los países de las revueltas o su labor era tan solitaria que no representaban a la mayoría de los que se movilizaban. A veces, su papel era servir de correa de transmisión de información y servir de puente entre lo que pasaba en los lugares más remotos y las redacciones. La bloguera tunecina Lina Ben Mhenni reconoce que el papel de los ciberactivistas se ha exagerado en Occidente. Ni las revueltas han triunfado gracias a Twitter o los blog ni los dictadores han caído por el poder de las redes sociales. Son los pueblos los que tienen el mérito de haber levantado su voz contra la autocracia y serán los pueblos, los ciudadanos, los que deberán construir la sociedad que realmente quieren.

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Rosa Meneses >

Periodista de El Mundo
Rosa Meneses (Barcelona, 1975) es periodista del diario El Mundo especializada en Oriente Medio y el Magreb. Desde 2011, cubre las revueltas árabes y su transición y ha informado en el terreno sobre la revolución en Túnez y los conflictos de Libia y Siria. Es Ochberg Fellow del Dart Center for Journalism & Trauma, de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia (Nueva York), centro dedicado a la información ética sobre conflictos y violencia.